• Alejandra Ocampos

Repaso olímpico y el sueño que vuelve a ser una realidad


Una de las noticias más importantes del polo en Argentina fue sin dudas la vuelta del deporte a una competencia olímpica. No oficialmente, pero como deporte de exhibición; como sea, el logro es más que relevante. Luego de un arduo trabajo en conjunto de la Asociación Argentina de Polo (AAP) y el Comité Olímpico Argentino (COA), el Comité Olímpico Internacional (COI) decidió invitar al polo como deporte de exhibición en los próximos Juegos Olímpicos de la Juventud, los cuales se celebrarán en Buenos Aires en octubre de 2018.

La confirmación de la gran noticia llegó después del Día Olímpico, una jornada que sirvió a modo de presentación de los Juegos y que se realizó el pasado 1 de julio, en Buenos Aires. La AAP recibió una invitación para participar del evento, y allí estuvieron, con stand propio, visitas de gran prestigio (entre otros, el Vicepresidente de la AAP, Delfin Uranga; el legendario Alberto Pedro Heguy, integrante del no menos legendario Coronel Suarez y máximo ganador del Argentino Abierto, y Marcos Uranga, fundador de la Federación Internacional de Polo y ex Presidente de la AAP) y exhibiciones de polo, además de algunos asistentes que se animaron a subirse a los caballos y taquear.

El polo no es ajeno a los Juegos Olímpicos, ya que ha participado en reiteradas ocasiones desde que el Barón Pierre de Coubertain instaló los Juegos Olímpicos de la Era Moderna, allá por 1896 y cuya primera sede no fue otra que Atenas, en Grecia, cuna de los Juegos.

El polo apareció por primera vez como deporte olímpico en 1900, en París. Posteriormente hubo polo olímpico en 1908 (Londres), 1920 (Amberes), 1924 (Parìs) y 1936 (Berlìn). Y las que nos interesan son estas dos últimas, que tuvieron la participación de la Argentina. Fue el polo el deporte que trajo al país la primera medalla dorada olímpica de la historia, en 1924, en los Juegos Olímpicos de París.

Un poco de historia nos remonta a 1922, cuando Argentina realiza exitosa gira internacional que los lleva a ganar los Abiertos de Inglaterra y Estados Unidos; las dos potencias del deporte, es decir Inglaterra y Estados Unidos, veian tambalear su "reinado" ante el avance contundente de los jugadores y caballos argentinos. De aquel equipo, se dijo entonces en el extranjero que "pusieron a la Argentina en el mapa del polo mundial".

Ese mismo año, el 14 de septiembre, nace la Asociación Argentina de Polo. Todo ello allanó el camino hacia los Juegos Olímpicos, que se realizarían en París, en 1924; la AAP entonces decidió mandar una delegación conformada por Arturo Kenny, Juan Miles, Guillermo Brooke Taylor, Juan Nelson, Enrique Padilla (FOTO) y Juan B. Miles. Kenny, Nelson, Padilla y Miles integraron el equipo titular que dejaron en el camino a España, Estados Unidos e Inglaterra, y que posteriormente consiguió esa primera medalla dorada olímpica para la Argentina, tras vencer a Francia por 15 a 2 en la final.

Alentados por el éxito de la gira y la medalla dorada, la AAP puso manos a la obra para otro enorme proyecto. Luego de la consagración en París, Juan D. Nelson fue electo Presidente de la AAP. Así, en conjunto con la entonces Comisión de Fomento del Caballo de Guerra, hoy Dirección General de Remonta y Veterinaria, se acordó la construcción de dos espléndidas canchas en plena ciudad de Buenos Aires, en terrenos ubicados en Palermo y que previamente habían sido ocupados por la antigua Sociedad Sportiva Argentina, lugar para la práctica de múltiples deportes, y que, entre otros, se destacaron los pioneros de la aviación. Uno de ellos fue Jorge Newbery, quien junto a Aarón de Anchorena elevó por primera vez su globo Palmero rumbo a Uruguay, el 24 de diciembre de 1907. Desde ese mismo lugar, en 1912, se realizó el primer correo internacional desde Buenos Aires, en un avión piloteado por Teodoro Fels. Las canchas fueron oficialmente inauguradas el 27 de octubre de 1928, cuando faltaban menos de 10 años para la segunda gran hazaña olímpica de la historia del polo argentino.

En los años 30, Alemania vivía bajo el siniestro régimen nazi. En 1936 la concreción de los Juegos Olímpicos en Berlín constituía una gran propaganda del nefasto régimen, la oportunidad de demostrarle al mundo los "privilegios" de la raza aria. El equipo de polo argentino que viajó en barco hacia Berlín lo integraban Manuel Andrada, Roberto Cavanagh, Luis Duggan y Andrés Gazzotti (FOTO). También viajó el campeón de 1924, Juan Nelson, pero esta vez como suplente. La delegación hizo una parada en Francia, que duró un mes, luego pasaron 20 dìas en Bélgica y finalmente llegaron a Berlín, una semana antes del comienzo de los Juegos.

Roberto Cavanagh, por entonces tenìa 21 años y era el más joven del equipo. El que posteriormente, fuera multicampeón con Venado Tuerto, contó como era la vida en la Alemania de entonces, en una nota realizada por el diario La Nación, en el año 2000, cuando era ya el último sobreviviente del equipo (Cavanagh fallecería en el 2002, con 87 años). "Con Luis (Duggan) recorrimos lo que pudimos de la ciudad. Nos dejaban entrar en todos lados, lo único que había que acordarse era del saludito", decìa Cavanagh, refiriéndose al saludo nazi con el brazo extendido. Por las mañanas, amanecían con los ruidos del desfile de las tropas de asalto en un Berlín que "por ese entonces era todo propaganda", recordó Cavanagh. "Cuando nos sentábamos a desayunar, el mozo nos saludaba con un sonoro Heil Hitler, y nosotros teníamos que imitarlo si queríamos que nos atendiera bien".

El fanatismo de los alemanes hacia la siniestra figura de Hitler quedó plasmado en una anècdota de Roberto Cavanagh: "Lo vi muy bien, estaba ahí cerquita nomas nuestro. Era un día horrible, parecía que se iba a largar a llover en cualquier momento. Lo miré a Luis Duggan y le dije - che, rajemos de acá que nos vamos a mojar (...) un tipo que estaba al lado nuestro nos interrumpió y nos dijo: 'No, señores, no va a llover'. Còmo que no va a llover?, le preguntamos. 'Está Hitler ahì', fue su ùnica y contundente respuesta. Asì de fanáticos eran!".

Yendo a lo estrictamente deportivo, el polo de los Juegos de 1936 tuvo cinco equipos; además de Argentina estaban Alemania, Gran Bretaña, Hungría y México. Curiosamente, una de las potencias, Estados Unidos, decidió no participar. Se armaron dos grupos - por un lado el Grupo A, que iba a definir a los equipos que iban a jugar la final. Del grupo B, conformado por Hungría y Alemania, saldría el que disputaría la medalla de bronce con el equipo del Grupo A que no llegara a la definición.

Argentina venció a México (15 a 5) y a Gran Bretaña (13-11), que también le había ganado a México. Los dos ganadores, es decir Argentina y Gran Bretaña avanzaron a la final y México iba por la de bronce ante Hungría, tras haber derrotado a Alemania.

El 8 de agosto de 1936, Argentina y Gran Bretaña se encontraron en la cancha del monumental Olympiastadium, en Berlín (FOTO DE TAPA). El resultado del primer encuentro preveía un partido parejo, pero la sorpresa fue mayúscula: en siete chukkers, el equipo argentino se las arregló para apabullar a Gran Bretaña, que no pudo hacer absolutamente nada para defenderse de la paliza. El resultado final fue y es hasta hoy, sorprendente: Argentina ganó 11 a 0 y alcanzó la medalla dorada. Roberto Cavanagh recordó divertido: "Después nos contaron que algunos alemanes que veían aquel partido comentaron - qué malos son los argentinos, que no les dejan hacer ni un gol a los ingleses!".

Algunas imágenes del partido hoy sobreviven a través de la película "Olympia", encargada por Hitler a su cineasta favorita, Leni Riefenstahl.

Tras aquella contundente victoria, el polo no volvió a los Juegos Olímpicos. Pero quedó como símbolo eterno el Roble Olímpico, que hoy se encuentra ubicado detrás de la tribuna principal de la cancha 1 de Palermo, y bajo el cual se ve una placa que conmemora la que fuera la última participación del polo en los Juegos Olímpicos y los nombres de sus protagonistas.

Hoy a 81 años de la hazaña, el sueño hacia el polo olímpico vuelve a ser una realidad, que arrancará con la exhibición prevista en Buenos Aires el año próximo.

Por Alejandra Ocampos

Fotos: de Archivo de los libros El Polo en la Argentina, de Francisco Ceballos; Campeonato Argentino Abierto de Polo, Cien Años de Historia, 1893.1993

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