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Los bon vivants del tablón



Abierto de Tortugas. Un periodista de Clarín, ajeno al polo, fue a ver una final entre la Dolfina y Ellerstina por primera vez. Crónica en clave futbolera. Excelente nota de Horacio Convertini (hconvertini@clarin.com) para el flamante suplemento Spot, publicada el sábado 22 de octubre. Foto de Mario Quinteros.

Link de la nota original: http://www.clarin.com/sociedad/polo-final-abierto-tortugas-dolfina-ellerstina_0_1672632919.html

Sol espectacular, un césped esponjoso que no deja ver los rastros de la tormenta del día anterior, gazebos para no insolarse, sillones, reposeras, todo muy lounge. Food trucks en donde comer una pizza de langostinos o beber una milk shake en caso de que no querramos el champagne y la cerveza que ofrecen los sponsors en sus VIP’s de generosa apertura. Promotoras más luminosas que el sol mismo y gente que intercambia el “có te vá” con discreta amabilidad. Me quedo acá, pienso. Pero no. Se trata de caminar unos metros más y entrar a la cancha del Tortugas Country Club para ver la final del Abierto 2016, primer campeonato de la Triple Corona del mejor polo del mundo, entre los dos grandes equipos del momento (y de la historia): La Dolfina y Ellerstina. Mi debut en un deporte de reyes, jeques, estancieros, modelos y boyeritos de boina ladeada.

Confieso que no entiendo el deporte como mera contemplación (para eso voy al cine), por lo que me obligo a ponerle un ingrediente pasional al partido. Es decir, elegir un equipo y desear que gane. Será Ellerstina, ya que lleva nueve finales perdidas ante el mismo rival. Hay una enorme tensión dramática en esa racha. Además, los de Ellerstina son todos Pieres, lo que ahorra trabajo de memoria. Si ganamos (nótese el plural), un Pieres se convertirá en héroe. Si perdemos, Dios no lo quiera, pediremos íntimamente la cabeza de un Pieres, lo “kunagüerizaremos” con ferocidad y todo quedará en familia.

El polo requiere que dos pericias se fundan en una sola: la del jinete y la del caballo. La pericia del jinete se construye con años de entrenamiento. La del caballo también, pero no basta: exige cuidados dignos de un spa suizo y maniobras genéticas que permiten replicar un crack al infinito. Surge, entonces, la primera duda: ¿quién es más importante: el jinete o el caballo? El polista lleva las riendas, es el que decide las jugadas y el que le pega a la bocha, pero gran parte de su suerte -dicen- depende de la fuerza refinada del animal. Tal vez por eso cada equipo tiene más caballos que jugadores (que son anunciados por altavoz como un jugador más) y Adolfito Cambiaso (el Messi del polo, figura de La Dolfina) presenta una caballada con seis clones de Cuartetera, su yegua crack que se retiró hace poco.

Lo más importante de un deporte no es conocer su reglamento sino entender sus estrategias, y eso reclama otro tipo de profundidad. Por eso el juego se me escapa. Se me vuelve, por momentos, un nudo de centauros que se desarma de golpe hacia un lado u otro y yo absorto, sin entender por qué. La bocha se me pierde. Las conversaciones de mis compañeros de tablón ayudan poco. Afortunadamente, auxiliares con banderitas rojas marcan los goles y un tanteador manual avisa la progresión del resultado: es palo a palo, La Dolfina arriba con un Cambiaso endiablado, pero nosotros, los Pieres, la peleamos. Un hincha de Ellerstina elogia a Facu y se muestra un poco ácido con Polito. Ya sé a quién apuntar.


Después del cuarto chukker, busco sombra y una copa de champagne, dos cosas que jamás tendré en la platea Sur del Nuevo Gasómetro. De camino, escucho una frase que me demuele. La dice un auxiliar vestido de blanco, acaso un “bocha boy”: “Los van a tener cerquita un poco más, pero después La Dolfina se los come”. La predicción se cumple: Cambiaso (al revés de Messi) no falla en las finales, la diferencia se estira, 18-12, perdimos.

Una marea de gente baja de las tribunas y atraviesa el campo de juego hacia los gazebos del otro lado. Los nenes juegan con sus bochitas y taquitos donde antes cabalgaron los cracks. No hay algarabía en los vencedores. Tampoco decepción en los derrotados. El eje se desplazó lejos del hecho deportivo. Afuera suena música de boliche y vuelve el “có te vá”. La espléndida tarde todavía brilla en las copas de champagne.

#Losbonvivantsdeltablón

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